
La premisa de “Valle inquietante” me llamó la atención desde que me encontré con el libro por primera vez, mientras husmeaba por las estanterías de La central de Callao.
Una mujer joven deja su trabajo en una agencia literaria neoyorkina para mudarse a la Costa Oeste, a San Francisco, y hacerse un hueco en el boyante sector tecnológico de Silicon Valley. Se trata de una novela de no-ficción, una crónica o una novela autobiográfica (discusiones teóricas aparte), en la que Anna Wiener relata y analiza una época de su vida: un relato individual que adquiere rápidamente una dimensión colectiva; el retrato analítico de un entorno que está marcando nuestro tiempo histórico, nuestra economía y nuestra cultura. Pero vayamos por partes.
Wiener era una joven asistente en una pequeña empresa de la industria editorial. Tanto ella como sus amigos y jóvenes compañeros del sector rezuman idealismo y amor por los libros y la literatura. Y están sin blanca. Encadenan contratos precarios y no saben lo que es tener buena cobertura médica o un plan de carrera definido. El sector cultural se alimenta de su idealismo, y sus jefes —que comenzaron sus carreras laborales en un momento más favorable para la industria y para economía en general — no parecen demasiado preocupados por lo que consideran un mero rito de paso. Un rito de paso que puede prolongarse tantos años como para que muchos decidan desertar y dedicarse a otra cosa. Vaya, ¿de qué me suena esto?
Desde las primeras páginas me llama la atención cuántas analogías existen entre el sector cultural estadounidense y el español; nosotros que con frecuencia miramos al extranjero como si fuera una especie de Meca donde “estas cosas no pasan”. Bueno, pues sí que pasan. Pero deberíamos matizar algo: pese al dudoso escenario neoyorkino que plantea Wiener, las anécdotas que podríamos contar quienes estamos en Madrid o Barcelona (no hablo ya de ciudades más pequeñas, en las que trabajar en el sector cultural es directamente tan improbable como trabajar en el Ministerio de Magia) son incluso peores. Pero bueno. Sigamos.
Anna Wiener se muda a San Francisco y consigue trabajo en una startup tecnológica. Aunque su formación académica es del ámbito de las Humanidades, es capaz de aprender los fundamentos del código, y consigue un hueco en un entorno que a priori estaba alejado de sus intereses personales. ¿Lo que más le seduce? La idea de, por fin, entrar en un mercado laboral donde sus conocimientos y habilidades sí son demandadas y reconocidas; y donde el concepto de tener un plan de futuro o un plan de carrera -con sus correspondientes reconocimientos o subidas de sueldo-, no es ciencia ficción. Todo ello con un “bonus track” tan atractivo como es la ausencia de una cultura corporativa “clásica” y rígida: un entorno relajado donde los empleados juegan al pin-pon en las oficinas y van a trabajar en vaqueros y camiseta.
Sin embargo, Wiener se dará cuenta pronto de que no es oro todo lo que reluce, y narra su paso por diferentes empresas tecnológicas mientras realiza un análisis agudo y crítico de la mitología y la cultura de Silicon Valley.
La de Wiener es una mirada lúcida e inteligente, que pone el foco sobre problemáticas como el culto desmedido a Trabajo y a la Empresa -con actitudes propias del sectarismo religioso- que se fomenta en algunas de estas compañías; la ausencia de reflexión y de conciencia crítica; la arrogancia de quienes afirman estar cambiando el mundo (sin pensar realmente en el mundo); o el entorno de trabajo con frecuencia hostil para las mujeres y muy contrario a la diversidad que tanto afirman abanderar.
Sin embargo, lo que hace interesante la prosa de Wiener es que, más allá de esta lectura crítica de una situación que vivió en primera persona, no ofrece discursos simplistas ni maniqueístas, sino que retrata un fenómeno complejo, con sus luces y sus sombras, en el que nunca se puede meter todo -ni a todos- en el mismo saco. Nos hace partícipes de la que fue su realidad; comparte reflexiones y observaciones con gran agudeza, pero, en último término, no omite las diferentes caras de una realidad poliédrica y no exenta de matices.
En definitiva, la de Wiener es una novela/crónica imprescindible para comprender uno de los grandes fenómenos de nuestro tiempo -y cuya lectura, por cierto, resulta apasionante y siempre placentera.




